lunes, 31 de diciembre de 2012

UN CRIMEN EN LAS SOMBRAS

Original, por decir lo menos, resulta El caso Las Dalias. Una novela experimental donde se juega con el género, usando recursos mínimos del policial negro. Cristóbal Soto Calistro, en esta primera novela suya, se centra en el antes y el después de un crimen, desde una perspectiva que parece lateral, desinteresada, ante los hechos, expuestos de un modo parco, ambiguo, siempre abierto a sugerir más que a afirmar. Mediante episodios o fragmentos breves y brevísimos –estos últimos de no más de diez líneas–, la narración construye en paralelo la vida de tres personajes, sin abandonar jamás la conciencia de Camilo Quezada, el protagonista, que es un tipo solitario, dueño de un taller de gasfitería, con un pasar económico de clase media sin apuros. Poco a poco el relato va configurando a este hombre que visita eventualmente a una prostituta, que se emborracha solo, viendo alguna película, y que, por lo general, no sale de la ciudad, ni siquiera para vacaciones. La soledad es su marca principal, pero también la imagen de ensimismamiento que proyecta. Quezada es un personaje que representa menos de lo que es. Porque se la pasa reflexionando sobre su existencia y la muerte de Ana, su vecina de sólo quince años. Sin dar mayores explicaciones, la novela presenta un caso tipificado inicialmente como suicidio que luego pasa a homicidio. Más que una acabada búsqueda del asesino, el libro se preocupa de insinuar responsabilidades. El protagonista es acosado por la policía, pero su principal tormento son los recuerdos de una antigua y fugaz relación con la madre de la víctima. El relato construye a un personaje que discurre sobre el crimen, pero que deja en blanco importantes aspectos. Mientras, surgirá un nuevo sospechoso del cual los lectores tampoco tendremos los datos suficientes como para responsabilizarlo del crimen. Estos espacios en blanco, orientados a dejar lagunas informativas, permiten crear un interesante juego entre la mínima información entregada y la necesidad de descubrir al asesino. Así, la novela transgrede una norma esencial del género policial al ocultar datos claves para resolver el caso. La continua presencia de incertidumbres y vacíos, sin embargo, contribuye a generar una tensión solapada que potencia una verdad que sólo el lector podría dilucidar. Los silencios, las reflexiones quebradas y la construcción de una experiencia vital desde una subjetividad que se autorreduce a la inocencia, la ingenuidad e incluso la victimización, llevan a esta novela hacia un lugar literariamente atractivo. Cristóbal Soto Calistro ha publicado una sugerente novela policial de corte metafísico, llena de sombrías ambigüedades que potencian el mal con templada sutileza. Patricia Espinosa publicado en www.lun.com